Memoria
A 30 Años de las Marchas en Mitad del Miedo

Jueves 26 de abril de 2012, por Manuel Humberto Restrepo Domínguez

Hace treinta años ocurrieron dos eventos para no olvidar en el recuento de marchas que van a la guerra y de marchas que crean esperanzas. La primera de hombres armados en el cono sur, la segunda de jóvenes en rebeldía en una provincia de Colombia.

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El 2 de abril de 1982, el mundo presenció el inicio de la guerra de las Malvinas entre Argentina y el Reino Unido. Fue talvez la última guerra simétrica en América, entre dos ejércitos dispuestos frente a frente para matarse,
mirándose a la cara, previamente despedidos por sus familias. Al final
de 70 días de horror el balance mortal fue una cifra estadística: 907
vidas perdidas: 649 de militares Argentinos, 255 de militares
Británicos y 3 Civiles. Los gobernantes reclamaron la victoria, a
Margareth Thatcher le sirvió para reelegirse, a la junta militar que
ejercía la dictadura en Argentina le precipitó su caída y hoy el
general Videla, cabeza del gobierno y decenas de sus altos mandos,
están las cárceles condenados por crímenes de lesa humanidad cometidos
en sus años de dictadura.

Por la misma época, hace 30 años, Colombia vivía en el régimen del
miedo, del Estatuto de Seguridad (Decreto 1923 de Septiembre 6 de
1978) y del Estado de Sitio. Se produjo la primera gran oleada de
exiliados forzosos entre los que se destacó Gabriel García Márquez y
de defensores de derechos desaparecidos. Los estudiantes sabían que en
cualquier madrugada, como en la noche de los lápices, podría venir un
silencioso allanamiento y quedar convertidos en presos políticos. El
miedo lo infundían los consejos de guerra en los que militares
juzgaban a civiles y llenaban las cárceles con presos de conciencia.
El presidente Turbay decía en el exterior: “el único preso político en
Colombia soy yo”. Los grafitis anunciaban campos de tortura dirigidos
por militares y libertad para los detenidos y en la Universidad
Nacional, que era el referente de compromiso social y libertad, se
iniciaba el desmonte del bienestar (residencias universitarias,
cafeterías y otros contenidos básicos del derecho a la educación).

En medio del miedo que no logro derrotar a la esperanza, y ante la
amenaza de cierre inminente por un déficit de 411 millones de pesos
(aprox 5 millones de dólares hoy), ocurrió lo que se conoció como el
Movimiento de las Malvinas o Movimiento 10 de Mayo, que llevó a
cientos de estudiantes a defender la Universidad Pedagógica y
Tecnológica de Colombia, que a finales de los años 70 vivió dos
movimientos: el de Economía que en 1977 produjo el enfrentamiento de
estudiantes y profesores divididos en dos grupos: Base y Deslinde cuyo
resultado después de una toma prolongada de las instalaciones de la
Facultad fue la separación del cargo de la mayoría de profesores/as
que enarbolaban ideas libertarias y; en 1979 el Catedralazo que
ocurrió cuando un numeroso grupo de estudiantes ocupó la Catedral de
Tunja (Plaza de Bolívar) exigiendo la libertad de un estudiante
víctima de una presunta desaparición forzada.

Las Malvinas upetecistas constituyeron un punto de llegada de los
conflictos de la década de los años 70 por libertades y representan
quizá la más grande movilización de estudiantes que contó con el apoyo
de diversos sectores sociales en defensa de un modo de pensar la
universidad como patrimonio colectivo. Las Malvinas fueron resultado
de múltiples y concurridas asambleas de estudiantes en las Residencias
Universitarias (Juan de Castellanos), en el Reloj (patio central), en
el Paraninfo y en algunos barrios de la ciudad. Se destacaban para la
época las inigualables oratorias de buen número de activistas
estudiantiles, que completaban de manera comprometida su formación
universitaria en colectivos de trabajo, grupos de estudio, cafeterías,
cine clubes, grupos culturales, grupos de teatro, periódicos,
revistas, colonias y grupos políticos.

El Campamento lugar de convergencia

Las Malvinas comenzaron con una imponente concentración en la Plaza de
Bolívar de Tunja. El Arzobispo Augusto Trujillo Arango (reconocido por
su oratoria en el sermón de las 7 palabras de semana santa
retransmitido por todas las emisoras del país), dio la bendición a los
marchistas, que podían ser mas de 500 estudiantes, despedidos entre
lagrimas y aplausos, porque se irían a defender la universidad, el
patrimonio colectivo mejor resguardado. En los edificios de la plaza y
a lo largo del camino ondeaban pañuelos blancos en señal de respaldo
mientras en toda Boyacá se oía un solo grito “La universidad es del
pueblo y el pueblo la defiende”. El destino era llegar a la capital
(Bogotá), durante los próximos tres días. El primer día la marcha se
detuvo al anochecer en Ventaquemada (pequeña ciudad de 10.000
habitantes). Allí sus gentes y sus gobernantes recibieron con banderas
y pañuelos a los marchistas y dispusieron de los centros escolares
para acomodar a los estudiantes. Al otro día la marcha reinicio
temprano pero fue detenida por una gruesa línea de soldados apostados
para la guerra en los límites de los departamentos de Boyacá y
Cundinamarca, a 30 Km de Tunja.

Los estudiantes instalaron carpas y la permanencia por varios días,
dio lugar al Campamento las Malvinas o Movimiento 10 de Mayo, como
lugar de convergencia, de encuentro. Había discusiones, lecturas en
debate, elaboración de comunicados, distribución de tareas y en
general actividades de responsabilidad colectiva. A las Asambleas se
llegaba después de múltiples reuniones en las carpas por grupos de
trabajo. En una de las Asambleas fue detenido un informante armado
(espía), que fue entregado a una comisión en ceremonia especial. Al
cabo de varios días, el gobierno ofreció girar a la universidad 211
millones de pesos de los 411 exigidos. Los estudiantes levantaron el
Campamento que recibió el apoyo permanente y voluntario de
profesores/as, pasajeros de buses, camioneros, campesinos de la
vereda. Como acto simbólico el campamento se levantó una vez
finalizado un partido de futbol entre los soldados y los estudiantes.
El regreso al campus universitario fue triunfal, los estudiantes
ovacionados. En Asamblea General se presentaron los alcances y
resultados de las Malvinas y se preparó la agenda que diera
continuidad al proceso organizativo. Se propuso avanzar hacia un
Frente Nacional Estudiantil. La uptc conformó el Comité de Integración
Estudiantil (C.I.E) del que participaron estudiantes por facultades,
por grupos culturales, por revistas, cine club, activistas y delegados
de grupos políticos, quienes se encargaron de preparar el Congreso
Nacional Estudiantil, que se realizó pocos meses después en el Teatro
Fausto de Tunja, con participación de no menos de mil estudiantes en
representación de más de cincuenta organizaciones estudiantiles,
sociales, culturales y políticas del país, quienes en la declaración
final convocaron a los estudiantes a fortalecer sus compromisos con la
transformación política y social de Colombia y a buscar salidas de
humanización a la guerra.

P.D. Las Malvinas de la UPTC, traen a la memoria nombres de
estudiantes (Q.E.P.D) como Augusto Soto (afectado por la malaria) y
Pocho (torturado y asesinado el día que Turbay dejó el palacio de
gobierno), ellos y muchos/as mas defendieron argumentos con alegría,
con interés colectivo, sin odios, sin mordazas.

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