USA: guerra y paz en Colombia

Martes 20 de septiembre de 2011, por Carlos Medina Gallego

Estados Unidos hace evidente su absoluto desprecio por la situación
colombiana en materia económica y de seguridad. Independientemente de
estar o no de acuerdo con el TLC, el país le ha mendigado a lo largo
de una década un tratado comercial que todavía no encuentra los
respaldos suficientes en el Congreso estadounidense, pese a los
esfuerzos y a las solicitudes que ha hecho de manera manifiesta el
presidente Obama y, de ser Colombia, el principal aliado en la región
y su escudero más importante para los conflictos en el área.

Víctimas del conflicto | Colombia |

En materia de apoyos para seguridad y la lucha contra el narcotráfico
la cosa no anda mejor, cada vez los recursos son menos, los recortes
más permanentes y las ayudas se reducen a simples asistencias
técnicas, a tal punto que, el país va a tener que asumir el 100% del
costo de la seguridad, la lucha contra el crimen organizado del
narcotráfico y el terrorismo. La llamada co-responsabilidad frente a
estos fenómenos es discurso y letra muerta.

Es absolutamente claro que la política pública en seguridad y defensa
en nuestro país se nutre de las orientaciones y monitorias
estadounidense, y el discurso de lucha contra el terrorismo y el
narcotráfico, de los gobiernos anteriores, es un traslado mecánico de
la política de seguridad norteamericana. Esta asistencia militar, a
través de los tratados de cooperación, es permanente y los logros en
materia de seguridad son de responsabilidad compartida. No obstante,
el gobierno estadounidense considera que el desmonte de los grupos
paramilitares fue un fracaso, la política de consolidación y
recuperación social del territorio no está dando los resultados
esperados y ahora es necesario volver a separar la lucha contra la
insurgencia de la lucha contra el narcotráfico.

Para Michael McKinley, embajador de Estados Unidos en el país, las
Bacrim representan el nuevo formato de los carteles del narcotráfico y
quiere centrar toda la atención de la política estadounidense en este
nuevo fenómeno. Basado en esta decisión, el gobierno nacional viene
llamando la atención sobre la urgencia de combatirlas como agentes
generadores de la industria del narcotráfico y el narcomenudeo. Sin
embargo las Bacrim son muchos más que eso, pues constituyen una forma de estado ilegal en las zonas populares de las grandes ciudades.

Seguramente, el cambio de actitud del gobierno Obama y de su
embajador, va a obligar a una nueva estrategia militar para
confrontar a la insurgencia, que ha pasado a un segundo plano en el
interés de los E.U. Igual el país va a tener que hacer esfuerzos para
mejorar su comercio internacional, buscando nuevos socios en los
países del área y en el continente asiático, pues sus socios
tradicionales E.U y Europa, en razón de las múltiples dificultades que
están afrontando, no ofrecen muchas posibilidades en materia
comercial.

La pregunta es: ¿si USA no constituye un socio comercial y su apoyo al
fortalecimiento de las políticas de seguridad y defensa es precario,
qué sentido tiene mantener en estado de subordinación permanente unas
relaciones que nada aportan? …de nada nos sirve que el embajador diga
que Colombia se ha convertido en un modelo de inspiración
internacional para la lucha contra el terrorismo, porque durante años
ha soportado las consecuencias sociales, económicas y políticas de su
acción desbastadora, con abnegación, nobleza y sacrificio a un costo
altísimo en vidas, bienestar e institucionalidad. Pobre manera de
convertirse en ejemplo.

El embajador McKinley dice, en privado, que en los próximos meses se
puede estar instalando una mesa de paz en el país y que existen
acercamientos con la guerrilla de las FARC. En ningún otro cuerpo
diplomático se sabe algo al respecto. Si así fuese, sería bueno que la
embajada que no ha podido concluir con su gobierno un TLC para
Colombia y ya no tiene más plata para financiar la guerra, al menos
promueva y acompañe un proceso de paz en donde, sin lugar a dudas,
jugaría un papel fundamental por razones obvias.

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