"ASESINOS DEL PUEBLO"
(Colombia) (Autor: ACEU SANTANDER)

Jueves 5 de octubre de 2006, por Prensa - Colectivo

"Si la patria está rota, no la desportillaron sus edades, que es aún joven y hermosa. Los bocados que muestra en su estructura son la huella del gigante, al caer sobre la estatua de su propio cadáver"

Si la patria está rota, no la desportillaron sus edades, que es aún joven y hermosa. Los bocados que muestra en su estructura son la huella del gigante, al caer sobre la estatua de su propio cadáver. [1]

Sale de su casa y camina con la frente en alto, con la seguridad que da la razón y la verdad, dispuesto a agitar un día más las banderas de un futuro, a pesar de muchos que han sufrido tanto que ya no tienen cuerpo, con el amor que derriba a la muerte y destroza prisiones, buscando una nueva justicia en donde las mañanas sean de todos después de esta larga noche.

De pequeño se le enseño a compartir, a ver a los otros como iguales, a valorar más lo que aprendía que lo que pudiera tener, y entonces, un día se le llevó a la escuela, en donde se le enseño la disciplina, la competencia, la autoridad, el significado del dolor y el miedo, y el cumplimiento de horarios, la vigilancia, y el temor por decir libremente lo que se piensa.

Más adelante conoció la mentira, comprendió que hay sed que nunca encuentra agua, y que los ríos tienen dueños, al igual que las noticias, las leyes y la historia. Sonrió por el rumor de antepasados que le transmitieran sus sueños y, por juegos de niños en donde los malos son malos y no posan de buenos, entonces encontró la opresión que se le opone a los sueños y encontró que es preciso asaltar el porvenir, que la vida no se puede aplazar.

La educación permite seres más preparados y disciplinados para la producción, pero también permite las conciencias críticas, seres autónomos, librepensadores, permite ver que el futuro no esta en ser obedientes.

Ante esta terrible situación los dueños tomaron medidas para estos desadaptados, para los diferentes, los desviados, para quienes no quisieron dejarse educar como lo dicen los manuales, entonces se creo el delito, la pena, la cárcel, el señalamiento, la criminalización, y el control policial. Formas de detener esos cuerpos y mentes que no se insertan en las relaciones sociales y económicas del sistema.

En Colombia se nos ha dicho que la policía es un cuerpo armado de naturaleza civil, cuyo fin es el mantenimiento de condiciones necesarias para el ejercicio de libertades y derechos para asegurar la convivencia en paz. Pero podríamos preguntar qué saben ellos de derechos, qué saben ellos de libertades y si acaso algunos teóricamente lo supieran, es posible constatar que procuran que las personas ejerzan y desarrollen sus derechos y libertades, o, acaso sería más fácil constatar su disposición a mantener una visión unidimensional que niega lo diverso.

Se nos dice que están ahí para protegernos, para ayudarnos, para defender a la población civil, para darle tranquilidad, en realidad para sostener el orden de un mundo patas arriba. Es así como se legitima y justifica su intervención en todo aquello que procure subvertir el sistema establecido o que atemorice a los dueños de lo que consumimos, entonces aparece como indispensable su intervención en universidades, colegios, manifestaciones populares y expresiones sociales, asignándoseles la función de intimidar tras el velo del deber constitucional de mantener el orden, haciendo así contraposición al ejercicio de derechos y garantías.

En Estados como el nuestro en los que el descontento social es generalizado y la protesta por reivindicaciones sociales es la vía de expresión diaria de las clases oprimidas y explotadas, entonces se hace necesario para los dueños del poder tomar medidas para el sostenimiento del estatus quo, se criminalizan entonces las protestas y se persiguen a quienes somos pueblo, por un lado se da la mano del engaño, y por el otro lado se baña en sangre la legitimidad de ese poder.

A la protesta de los jóvenes y de los estudiantes, entonces se da como solución la creación de un Escuadrón Antidisturbios que se encargue de pacificar las voces de descontento, las voces que gritan justicia, las voces que gritan libertad, que exigen igualdad material y educación para todos. Somos jóvenes y nuestra vida palpita en rebeldía forjando sueños y utopías.

Es así como en el marco de lo que se nos ha enseñado como democracia, la extralimitación de la fuerza pública no es una problemática novedosa, desde hace mas de cuatro décadas, ésta ha asumido el papel represivo en contra de los sectores sociales, que dentro de su dinámica se han manifestado en contra de las amañadas practicas y políticas gubernamentales de turno.

Institucionalmente la policía prevé el empleo del uso de la fuerza en ciertos casos, con la advertencia de hacerlo cuando sea estrictamente necesario para preservar el orden publico, no obstante, los medios utilizados por los funcionarios deberán ser autorizados o reglamentados por la ley, y deberán escoger aquel que cause menor daño a la integridad de las personas y de sus bienes. Esta reglamentación representa límites al absolutismo del Estado, que han sido producto de ganancias de la humanidad en los anales de la historia, límites al uso irracional y desproporcionado de la fuerza en garantía de todos aquellos que le "debemos" obediencia, es esto lo que lleva al establecimiento de disposiciones que reglamenten el porqué, el para qué y el cuando se legitima la intervención de la fuerza del Estado, normas que hacen parte de la propia normatividad aceptada y desarrollada por la ideología dominante, pero que es la misma normatividad que terminan saltándose los detentadores del poder ante el pánico y el insomnio que les genera la conciencia de saber que su sistema crea sus propios sepultureros.

A todo empleo policial de la violencia le son aplicables las normas del código de conducta para funcionarios encargados de hacer cumplir la ley que adoptó la Asamblea general de la ONU el 17 de diciembre de 1979. Conforme a este código, en el desempeño de sus tareas los policías deben ceñirse a las siguientes reglas:

1. Respetar y proteger la dignidad humana
2. Mantener y defender los derechos humanos de todas la personas
3. Hacer uso de la fuerza solo cuando sea estrictamente necesario, y en la medida que se requiera.
4. Abstenerse de infligir, instigar o tolerar actos de tortura, o tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes
5. Asegurar la protección plena de la salud de las personas colocadas bajo su custodia
6. Hacer cuanto este a su alcance por impedir la violación de la ley y de su código de conducta.

La brutalidad policíaca desborda los límites internacionalmente reconocidos, constitucionales y legales de la actividad ordenada a la conservación del orden publico, los mecanismos de control policial no solo están subordinados al ordenamiento jurídico, sino que siempre deben ser compatibles a los principios humanitarios

Son veintiséis (26) los principios básicos aprobados por la asamblea general de Naciones Unidas sobre el empleo de la fuerza y de armas de fuego por los funcionarios, y primordialmente invitan a los gobiernos y organismos encargados de hacer cumplir la ley a establecer los métodos, armas y elementos a utilizar para las eventualidades, de manera cuidadosa y amplia, teniendo en cuenta en la medida de lo posible abstenerse de usar medios violentos. Cabe resaltar que el principio No. 5, establece cuatro recomendaciones para tener en cuenta en caso de ser inevitable el uso de la fuerza, ellas son:

1. Ejercerán moderación y actuarán en proporción a la gravedad del delito y al objetivo legítimo que persiga.
2. Reducirán al mínimo los daños y lesiones y respetarán y protegerán la vida humana.
3. Procederán de modo que se presten lo antes posible asistencia y servicios médicos a las personas heridas o afectadas.
4. Procuraran notificar lo sucedido, a la menor brevedad posible, a los parientes o amigos íntimos de las personas heridas o afectadas.

Se supone que la sociedad ha depositado su confianza en las autoridades, pues de acuerdo a lo establecido en el artículo 2 de nuestra constitución: Las autoridades de la República están instituidas para proteger a todas las personas residentes en Colombia, en su vida, honra, bienes, creencias y demás derechos y libertades, y para asegurar el cumplimiento de los deberes sociales del Estado y de los particulares. Por ende, los primeros llamados a respetar los derechos humanos son quienes ejercen la autoridad civil y militar en la Republica.

En el marco de esta legalidad los jóvenes colombianos hemos presenciado la cosificación de la persona humana, la instrumentalización de la vida, en la carne y huesos de nuestros compañeros Carlos Giovanny Blanco Asesinado a sus 20 años el 7 de noviembre de 2001, Jaime Alfonso Acosta asesinado el 20 de noviembre de 2002, Nicolás Neira asesinado a sus 15 años el primero de mayo de 2005, Johny Silva Aranguren asesinado a sus 21 años el 22 de septiembre de 2005, Belisario Camallo Guetoto asesinado a sus 16 años el 16 de noviembre de 2005, Oscar Salas asesinado a sus 20 años el 8 de marzo de 2006, todos ellos victimas del odio y de la brutalidad policial, a todos ellos el Escuadrón Móvil Antidisturbios ESMAD decidió negarles su familia, sus amigos, su educación, su expresión, su libertad, en síntesis el ESMAD les arrancó la vida en cumplimiento de lo que justifican como sus funciones constitucionales.

Nuestro objetivo es exigir el cumplimiento de aquellas garantías que nos fueron prometidas en 1991, nuestro objetivo es exigir respeto por la misma normatividad que el Estado y sus dueños han adoptado, nuestro objetivo es que el respeto a los derechos fundamentales y la dignidad humana sea una política puesta en practica por el Estado y a la que por lo tanto estén sujetos sus gendarmes.

Los modelos de represión son la estrategia del establecimiento para acabar la oposición. El eje central de la campaña es defender la libertad de movilización y el derecho a la protesta. Así como el deslegitimar la estructura de la "Seguridad Democrática" de manera integral urbano-rural y visibilizar que la brutalidad policial es un problema de todos y todas. Es responsabilidad del Estado Social de Derecho el garantizar el derecho a la oposición y la exigibilidad de Derechos.

Identificamos, como un indicador de los pasos de avance del fascismo la brutalidad policial y el consecuente cierre de espacios de expresión, así como la militarización de la vida civil y el llamado público desde la jefatura del Estado a defender las leyes y las instituciones, y en esto podríamos hablar de enseñanzas históricas que le han costado mucho a la humanidad como la utilización de los llamados camisas negras por Mussolini, encargados del mantenimiento del orden y de apoyar la institucionalidad pero de los cuales los costos de sus métodos represivos son ampliamente conocidos. No debemos hablar de una represión valida y otra no valida la represión es represión.

El ESMAD es un organismo de personas seleccionadas y entrenadas para atacar y matar en defensa del orden constituido, cuentan con un entrenamiento dirigido y costoso que pagamos entre los colombianos y el capital internacional, que en momento de confrontación demuestra el carácter desproporcionado de su accionar. Debemos propender porque su desmonte no sea un simple cambio de nombre sino su des-estructuración y el desmonte de la política pública que lo sustenta. Si bien el ESMAD simboliza la política represiva, nuestra campaña debe tener la capacidad de reconocer los espacios de la brutalidad policial o militar en su conjunto por parte de las FFMM. La presente campaña debe descubrir la estigmatización de varios sectores por parte de la policía y fuerza publica en general.

Dios y patria es el lema que los caracteriza, algo difícil de entender después del iluminismo, después de el descubrimiento del genoma humano y cuando hoy incluso se habla de la realización de la "democracia profunda", no se entiende cómo en un Estado que se reclama Democrático, Social y de Derecho, laico además, e incluso hasta moderno, es concebible que los encargados de sostener ese poder se identifiquen con ese apotegma medieval que sustentó monarquías e innumerables improperios a la humanidad por los siglos de los siglos.

Somos conscientes que aquellos que muchas veces nos ven correr, aquellos que nos ven como un blanco en donde asestar un golpe, o como un positivo para obtener prebendas en el trabajo, antes que gendarmes un día también fueron pueblo, a quienes la inevitable exclusión del sistema los llevó a hacer el gran negocio, a ser protectores de los desempleadores, a pasarse del lado de los "fuertes", de los que van adelante en la "selección natural", se acostumbraron a ver el pueblo, apaleado, fracturado, violado, arrastrado.

Nos resistimos a ese sistema y su control policial que se beneficia del delito, que vive de él, que lo crea y lo reproduce, que se legitima en él. Hoy es claro que a la policía el delito y la criminalización le son funcionales para cuidar sus puestos de trabajo, y que enfila baterías contra todos aquellos que son presa fácil de su accionar, entre quienes nos encontramos los estudiantes, a quienes se nos presenta hoy como terroristas, como peligrosos para la "sociedad" y a nuestros compañeros golpeados, torturados, y asesinados se muestra como cifras de buenos resultados contra la criminalidad y de mantenimiento del orden, cifras que son arrojadas a las voraces fauces de los medios de comunicación.

Estamos dispuestos no a poner la otra mejilla, sino a dar lecciones, lecciones de humanidad, de racionalidad, lecciones de reconocimiento de la dignidad del otro aunque sea el enemigo, como lo hicieran los indígenas y campesinos en el Cauca, quienes a pesar de las torturas y mutilaciones que sufrieran sus compañeros, devolvieron a los miembros de la policía retenidos sanos y salvos, los invitamos también a reaccionar contra la brutalidad que día a día es ejercida contra los mismos agentes desde sus mandos superiores, aun no es tarde para volver al seno del pueblo.

Deberán reconocer que en el proyecto neoliberal que protegen, los derechos públicos se reducen a favores del poder, y el poder se ocupa de la salud y de educación públicas como si fueran formas de la caridad. La invitación es a liberarse de la necesidad de vivir para trabajar y comenzar a trabajar para vivir.

Frente al silenciamiento oponemos la palabra, frente a la violencia estatal proponemos la movilización, frente al terrorismo de Estado desplegamos la voluntad política, frente a la brutalidad oponemos el arte, la cultura y la educación. Es nuestra misión hoy empuñar y agitar esta campaña como nuestra bandera e invitar a todos y todas a retomar luchas e impedir la dispersión y la indiferencia, a promover la organización y la acción popular. Buscamos que los hechos dejen de burlarse de los Derechos.

MEMORIAS DEL CONVERSATORIO DEL LAZAMIENTO DE LA CAMPAÑA DEL DESMOSTE DEL ESMAD EN SANTANDER. 26 DE ABRIL 2006 AUDITORIO AGORA UIS

Los estudiantes no somos terroristas, terrorista el Estado que desaparece y asesina.

Notas

[1VIDALES Luís, "Asesinos del pueblo", Bogotá, abril de 1948 Publicado en el diario "Jornada". Reproducido en el libro La insurrección desplomada (El 9 de abril, su teoría, su praxis), Editorial Iqueima, Bogotá, 1948, págs. 11-13.

Afiliaciones

Afiliado a la Federación Internacional de Derechos Humanos
y la Organización Mundial contra la Tortura
Estatus Consultivo en la OEA

José Alvear Restrepo

Nace en Medellín el 1 de julio de 1913 en el seno de una familia de profundas convicciones religiosas y bajo los parámetros de la ideología del partido conservador. Realiza sus estudios en la Facultad de Derecho de la Universidad de Antioquia, donde se gradúa de Abogado con una brillante tesis titulada: "Conflictos del trabajo: la huelga"

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