“El hombre no supo morir….” Discurso de Camilo Eduardo Umaña en la reinauguración de la Plaza "Eduardo Umaña Mendoza"

Viernes 22 de agosto de 2014, por Camilo Eduardo Umaña, Movice

Nosotros, a quienes nos llaman víctimas, somos tan heterogéneos… estamos los dolientes, los sobrevivientes, los luchadores, los muertos en vida y los vivos en muerte, los indiferentes, los temerosos, los silentes. Lo cierto es que estaremos destrozados, en pedazos, pero nunca alcanzaremos la desgracia de quien desaparece o mata o tortura como forma de vida; estaremos con miedo, huyendo, desplazados, pero nunca alcanzaremos la pavura de quien pudiendo pararse firme, erguir su voz, no hace nada; estaremos deprimidos, doblados de dolor, en melancolía crónica, pero nunca sentiremos peso tal al de vivir con un muerto a cuestas (porque nosotros vivimos con nuestros seres queridos al lado); tendremos muchas necesidades, nuestros proyectos se habrán truncado una y mil veces, pero nunca necesitaremos más que aquellos que sólo piensan en su dinero, en sus propiedades, en su poder, en su reflejo en el espejo.

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Un saludo cálido a las y los asistentes,
Un saludo especial a mi mamá, Patricia, quien representa a todas aquellas mujeres que han luchado junto a sus compañeros, defensores derechos humanos, que nos han cuidado a los hijos y las hijas de la única manera posible: transmitiéndonos nuestras raíces, enseñándonos a volar.

Un saludo muy especial a mi abuela, Chely, quien representa a las madres que han enterrado a sus hijos, a las abuelas que han sostenido a las familias y que en la ternura nos muestran el camino.

Un saludo muy especial a los hijos e hijas, mis hermanos, los pequeños sobrevivientes del terror, con quienes lo estamos poniendo todo, con esperanza, empeño, con quienes nos esforzamos a más no poder porque no vuelva a haber otro niño que pase por lo que nosotros pasamos,

Un saludo muy especial al Centro de Memoria, que nos demuestra que el Estado sí puede cumplir un papel de construcción de paz, que sus funcionarios sí pueden servir a la gente, que los recursos públicos no son sólo para la guerra.

Todo homenaje en muerte es extemporáneo. Este no lo es porque sólo hay vida alrededor. La única muerte es el olvido, el resto son formas de presencia. Miren a su alrededor, ahí están los niños y niñas del colegio Eduardo Umaña; miren las fotografías y díganme quién está ausente; en las notas de la filarmónica juvenil no encontré luto alguno; en sus miradas no hallo sino recuerdo, evocación, esperanza…. El hombre no supo morir….

Los sicarios que tras la vergüenza de su extraviada conciencia sólo saben disparar y huir, dónde están. Dónde están los auspiciadores, los determinadores, los cómplices. Quiénes son los que se someten a una ceguera voluntaria, para no ver, para no oír, para dejar pasar todo lo que ha pasado. Cómo es posible que existan personas que piensen que la vida es un bien canjeable por dinero. Desgraciados ellos que nunca han visto el amanecer tibio, que nunca han escuchado el paso del viento en las montañas, que nunca han sentido el amor que apretuja y enternece. Pobres de aquellos que nos han visto a los hijos e hijas en los diarios, doliéndonos a morir por nuestros muertos y no han sentido! ! ni un vestigio de humanidad. Pobres de aquellos cobardes que no son capaces de decir la verdad, de aceptar su responsabilidad.

Nosotros, a quienes nos llaman víctimas, somos tan heterogéneos… estamos los dolientes, los sobrevivientes, los luchadores, los muertos en vida y los vivos en muerte, los indiferentes, los temerosos, los silentes. Lo cierto es que estaremos destrozados, en pedazos, pero nunca alcanzaremos la desgracia de quien desaparece o mata o tortura como forma de vida; estaremos con miedo, huyendo, desplazados, pero nunca alcanzaremos la pavura de quien pudiendo pararse firme, erguir su voz, no hace nada; estaremos deprimidos, doblados de dolor, en melancolía crónica, pero nunca sentiremos peso tal al de vivir con un muerto a cuestas (porque nosotros vivimos con nuestros seres queridos al lado); tendremos muchas necesidades, nuestros proyectos se habrán truncado una y mil veces, pero nunca necesitaremos más que aquellos que sólo piensan en su dinero, en sus propiedades, en su poder, en su reflejo en el espejo.

¿Quiénes son los que nos despojan de nuestros padres, de nuestros hijos, de nuestros compañeros, de nuestros amigos, de nuestros defensores? Si nos despojan de todo cómo nos vamos a reencontrar, ¿a quién vamos a seguir, con quién vamos a construir, a quién admirar?

Talvez el secreto está en que no pueden quitarnos todo, en que quitándonos algo inician un juego macabro en el que también nos dan algo que no teníamos; en que haciéndonos sufrir nos dan aprendizaje; en que dándonos muerte descubren en nosotros grandes formas de vida; en que lastimándonos aprendemos a sanar; en que hostigándonos descubrimos a nuestros amigos y nuestras fuerzas internas; en que aislándonos, nuestras soledades se encuentran…. En últimas, los únicos que nos podemos quitar todo somos nosotros mismos. Como diría Cantinflas: “¡Ahí está el detalle! Que no es ni lo uno, ni lo otro, sino todo lo contrario”. La magia está en la ! ! realidad, en que somos humanos, en que nuestra capacidad de creatividad, inventiva, emprendimiento y creación, es mayor en valor a la destrucción. Sin embargo, la destrucción suele ser más efectiva, inmediata, instantánea, puede doler más y puede postrarnos. Para construir necesitamos energía, necedad, coraje, tiempo y espacio. Acá estará un lugar para construir, acá estará por cuanto tiempo lo defendamos y conservemos. El secreto lo pueden ver en esta plaza. No necesitamos ninguna bala, no necesitamos ningún odio, nos necesitamos a nosotros, a nuestras manos. Este sitio no alberga epitafios, este recordarte deroga el olvidar, estos muros se acuerdan de tus heridas, este que habla no te deja de amar. Este pupilo que mira hacia arriba, como buscando un poco de luz de Dios, que mire al lado en el que mira, que ahí hay más brillo que en el Sol.

Estamos ante la historia del futuro. Está en juego la historia de nuestro país, ¿cómo la vamos a construir? ¿Qué le vamos a dejar a las nuevas generaciones? ¿Vamos a fracasar otra vez? Dónde están nuestros pensadores, nuestros artesanos, nuestros músicos, nuestros campesinos, nuestros indígenas, nuestras mujeres, nuestros niños, nuestros jóvenes ¿Dónde estamos para construir otra Colombia?

Acá estamos, acá estamos para apostar por nuestro futuro, para trabajar en nuestro presente, para recordar nuestro pasado. Acá estamos con raíces, pero con hojas y aves que nos habitan y que nos hacen dinámicos, hacedores del porvenir. Al decir de Arbelaez: en el corazón ardiendo, en el silencio ardiendo, en la palabra ardiendo, ardiendo, Señor, ¡ardiendo! Acá estamos para seguir. Seguir hacia dónde? Hacia la paz ¿Podremos transformarnos, podremos volver nuestro odio en coraje para cambiar, podremos tornar nuestro dolor quiebrahuesos en valentía para respetarnos? Como decía mi padre: “La paz no puede surgir del desorden, de la guerra sin cuartel, del crimen organizado,! ! de las estructuras caducas, de la economía sin rumbos, de la injusticia social, del abandono de la eticidad”, “con evidente cinismo se ha tendido una hábil cortina de humo sobre el punto vital: el policlasismo, la miseria y pobreza absolutas, la dependencia del exterior y la no autodeterminación al interior, todo ello amparado por la tremenda inmoralidad e impunidad reinantes”.

Tan vigente mi padre, tan vigente. Vivo dos veces en una sola muerte: vivo para vivir en ti y luego en nosotros. Muerto, dos veces muerto en una sola vida: muerto para matar la desesperanza de creerte muerto. Vivo, vivo como la vida que nos mata a cada instante que pasa. Frío, frío como la distancia que nos domina al no tenerte en cuerpo en casa. Tibio, tibio como el amor que nos cobija al no tenerte padre, hijo, hermano, Eduardo Umaña.

No hay muerte que pueda con tu vida. No hay olvido mayor que tu recuerdo. No hay generosidad más valiente que morir por los demás. No hay necedad más dulce que luchar por la justicia. No hay día sin ti estando tan adentro. Contigo siempre.

“Más vale morir por algo que vivir por nada” Eduardo Umaña Mendoza

Camilo Eduardo Umaña

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José Alvear Restrepo

Nace en Medellín el 1 de julio de 1913 en el seno de una familia de profundas convicciones religiosas y bajo los parámetros de la ideología del partido conservador. Realiza sus estudios en la Facultad de Derecho de la Universidad de Antioquia, donde se gradúa de Abogado con una brillante tesis titulada: "Conflictos del trabajo: la huelga"

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