En pandemia, el petróleo y el carbón no solucionan el hambre
Las consecuencias más terribles de desastres como la que hoy enfrentamos con el COVID-19, siempre las sufren los eslabones más débiles de la socieddad.

Ante esta crisis se develan de manera directa las otras crisis en las que hemos estado sumergidos durante décadas, aunque nos negáramos a ver; se advierte cómo, por ejemplo, algunos de los pueblos indígenas que han sido golpeados por el extractivismo, la explotación y el accionar de las empresas, son justamente los que hoy se encuentran en mayor grado de vulnerabilidad.

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Una sociedad dirigida por gobernantes incapaces que solo atienden a intereses políticos y económicos que en nada respetan el sentido de la vida misma.

Nos encontramos en un momento en el que salen a flote los estragos de un modelo capitalista y neoliberal que ha priorizado el individualismo y el consumismo sobre la solidaridad y el cuidado mutuo, que se ha encargado de sofocar lo colectivo, de ahogar lo comunitario, de desprestigiar lo solidario; un sistema que no reconoce el valor de la persona, del trabajo colectivo, de los frutos de la tierra, que no ha atendido al llamado de la necesidad de cuidar nuestro mundo.

Ante esta crisis se develan de manera directa las otras crisis en las que hemos estado sumergidos durante décadas, aunque nos negáramos a ver; se advierte cómo, por ejemplo, algunos de los pueblos indígenas que han sido golpeados por el extractivismo, la explotación y el accionar de las empresas, son justamente los que hoy se encuentran en mayor grado de vulnerabilidad.

Luz Ángela Uriana, de la comunidad wayuu de provincial, madre de Moisés Guette, quien sufre una enfermedad pulmonar por cuenta de la contaminación del polvillo del carbón explotado por la empresa Carbones del Cerrejón, relata en medio de la preocupación por la pandemia que lo único positivo por estos días es que la empresa disminuyó temporalmente sus actividades, que el aire en su resguardo cambió, que por lo menos dejan de respirar el material particulado PM 2.5. que tanto los afecta.

Pero su angustia ahora es que en su resguardo la mayoría de las personas, sobre todo niños, niñas y personas de la tercera edad están en un alto riesgo ante el virus al tener ya enfermedades preexistentes principalmente de carácter respiratorio.

Es paradójico que la empresa Carbones del Cerrejón presente de manera suntuosa apoyos ínfimos que beneficiarán a cerca de 300.000 personas, que no estarían en esta situación de desprotección, si en su afán expansivo la empresa no se hubiera apropiado del territorio, las fuentes de agua y de sustento de la población: “el agua que nos traen en carro tanque a algunas comunidades es un poco de la que nos han robado y contaminado” señala Luz Ángela.

En sus palabras se hace evidente que, en condiciones de aislamiento, la soberanía y autonomía alimentaria son necesarias para garantizar la subsistencia de las comunidades. Y que en el caso de las comunidades impactadas por la actividad de la empresa Cerrejón, la extracción de carbón no resuelve el hambre, solo satisface la avaricia empresarial:

“Si la empresa no hubiera contaminado el río, de qué nos preocuparíamos, sí tendríamos el agua que nuestros ancestros tuvieron, si nuestros chivos tuvieran donde pastorear, si la empresa no hubiera destruido a Tabaco (municipio desplazado por la minería) que cultivaba tanto y con quienes se hacían intercambios, tendríamos comida. Ahora necesitamos todo de a fuera, el agua, la comida, los medicamentos para nuestros niños que los ha enfermado la empresa”.

Y de igual manera lo advierte Estela Guanga, lideresa del pueblo awá, en Nariño:

“Nuestras tierras nos han alimentado milenariamente, pero los cultivos ya no están, desde las contaminaciones del Río Inda por los derrames de petróleo que Ecopetrol y el Estado nunca ha solucionado, nuestras plantas medicinales ya no están, en un momento como este podríamos estar aislados, si tuviéramos nuestro río limpio, nuestros cultivos, nuestras plantas medicinales, pero no las tenemos, no hay agua limpia, sin agua no hay nada”.

Es el momento en que debemos unirnos en un llamado de exigencia para que el Estado adopte todas las medidas, protocolos de atención y protección y atienda realmente a las situaciones de riesgo sobre pueblos indígenas frente a la pandemia que ha documentado la Organización Nacional Indígena de Colombia ONIC, quien reclama fortalecer la implementación de planes de contención y mitigación que lideran los propios pueblos, así como ayudas humanitarias.

Por su parte organizaciones de la Guajira como el Comité de Defensoras del Territorio en Provincial, Fuerza Mujeres Wayuu, Nación Wayuu; y en Nariño la Unidad Indígena del Pueblo Awá UNIPA y los resguardos Inda Guacaray e Inda Sabaleta la Unidad, atienden y hacen un llamado a la solidaridad para tener las ayudas que hasta el momento no han llegado por parte del Estado, acciones que exigen del pueblo colombiano total respaldo y solidaridad.

Se entiende a la investigadora Silvia Ribeiro, Directora para América Latina del Grupo de Acción sobre Erosión, Tecnología y Concentración -ETC, con estatus consultivo ante el Consejo Económico y Social de Naciones Unidas, cuando señala que es típico del sistema capitalista no revisar sus errores, el sistema:

“Que crea enormes problemas que van desde el cambio climático hasta la contaminación de las aguas, de los mares, la crisis enorme de salud que hay en los países por la mala alimentación, pero también por los tóxicos a los que está expuesta, que producen una crisis de salud en los humanos. Por supuesto el sistema capitalista no lo va a revisar, porque para eso tendría que afectar los intereses de las empresas transnacionales que son las que acumulan, las que concentran tanto desde la cría industrial de animales, como los monocultivos, como incluso las empresas forestales y la deforestación hecha en forma comercial.”

Y resulta desolador que los pueblos originarios que por años han retado al capitalismo con modelos comunitarios, colectivos, protectores de la naturaleza y la vida, sean hoy los que se enfrentan a mayores riesgos y el peligro de extinción en el que se encuentran se agrave y se profundice ante esta epidemia.

Urge la reflexión sobre los dilemas de la existencia y como el curso que el mundo ha seguido no ha sido el correcto, desde la conciencia de la fragilidad humana deberíamos replantearnos cualquier sistema o modelo, pero esto no será posible si continúa primando la economía por encima de las necesidades que tiene la gente y la naturaleza y que han sido justamente creadas por un sistema fallido.

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José Alvear Restrepo

Nace en Medellín el 1 de julio de 1913 en el seno de una familia de profundas convicciones religiosas y bajo los parámetros de la ideología del partido conservador. Realiza sus estudios en la Facultad de Derecho de la Universidad de Antioquia, donde se gradúa de Abogado con una brillante tesis titulada: "Conflictos del trabajo: la huelga"

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