Mujeres de la comunidad de Tabaco reflexionan sobre el impacto sufrido por la megaminería

Martes 10 de marzo de 2015, por Fe-MINAS NÓ-Madas

La ancestral comunidad afrodescendiente de Tabaco fue destruida por el megaproyecto carbonífero del Cerrejón. Primero llegaron los rumores y la incertidumbre sobre lo que se iba a hacer en nuestro territorio; luego, junto a las promesas de progreso y desarrollo, vino el cierre del centro de salud, de la escuela, de Telecom y de los caminos de conexión con las comunidades vecinas. (...) El 9 de agosto de 2001, las familias que permanecíamos en el lugar, fuimos brutalmente desalojadas por la fuerza, nuestras casas y enseres robados y destruidos. Hoy, catorce años después, no se ha cumplido la orden de la Corte Suprema de Justicia (2002) de reubicar nuestro pueblo; entre tanto las familias continúan sin territorio, errantes por la Guajira y el Cesar padeciendo el desarraigo por la codicia empresarial y la complicidad estatal.

Indígenas | Derecho a un ambiente sano | Desplazamiento | Despojo de tierras | Destrucción ambiental | Abusos de las transnacionales | Afrodescendientes | Derecho a la tierra | Guajira |

La ancestral comunidad afrodescendiente de Tabaco fue destruida por el megaproyecto carbonífero del Cerrejón. Primero llegaron los rumores y la incertidumbre sobre lo que se iba a hacer en nuestro territorio; luego, junto a las promesas de progreso y desarrollo, vino el cierre del centro de salud, de la escuela, de Telecom y de los caminos de conexión con las comunidades vecinas.

Nos impidieron el acceso al arroyo y a las actividades ancestrales de pesca, caza y pastoreo. El parque y la infraestructura pública fueron parte de la expropiación. Hasta la iglesia que había sido levantada con nuestro esfuerzo fue vendida por el cura a los empresarios mineros; y con ella la figura de nuestro santo, San Martín de Porres. Logramos rescatarlo, pero nos lo quitaron de nuevo. Claramente, para despojarnos del territorio quisieron arrebatarnos la fe y la resistencia.

Finalmente, el 9 de agosto de 2001, las familias que permanecíamos en el lugar, fuimos brutalmente desalojadas por la fuerza, nuestras casas y enseres robados y destruidos. Hoy, catorce años después, no se ha cumplido la orden de la Corte Suprema de Justicia (2002) de reubicar nuestro pueblo; entre tanto las familias continúan sin territorio, errantes por la Guajira y el Cesar padeciendo el desarraigo por la codicia empresarial y la complicidad estatal.

Las mujeres de Tabaco

A su llegada, la empresa obtuvo conocimiento de aspectos muy íntimos de nuestra comunidad, lo que permitió desarrollar estrategias diferenciadas de intimidación y despojo.

Muchas de las firmas de aceptación para salir, la empresa las obtuvo directamente de hombres. Las mujeres, excluidas de la decisión, no tenían otra alternativa que abandonar sus casas con sus hijos y su incertidumbre.

Mujeres cabeza de familia, que tenían hijos y responsabilidades bajo su cargo, fueron intimidadas para que aceptaran irse. La empresa y el gobierno abusaron de su situación de vulnerabilidad y temor fue aprovechada, con la amenaza de que si no decidían salir, la autoridad nacional encargada podía llevarse sus hijos para darles mejores condiciones en otro lugar. Así, la intimidad, la participación, la propiedad, la integridad personal y la identidad de las mujeres, como derechos, fueron de lo primero que se les expropió.

Ahora

La salida de Tabaco y el destierro a que hemos sido sometidas, han traído sufrimiento, pobreza y enfermedad. Muchas mujeres llevamos sobre nosotras la carga y el peso del hogar.

Las carencias con que vivimos la mayoría de las mujeres expropiadas, sin comunidad y sin territorio hacen muy difícil nuestra vida.

Antes teníamos agua abundante y limpia, tierra y alimentos cultivados por la misma comunidad, un tejido social que nos acogía. Ahora soportamos la escasez y contaminación del agua producida por la megaminería de Carbón más grande del mundo llamada Cerrejón, la carencia de tierra para la siembra y la alimentación reducida a alimentos costosos que nada tienen que ver con nuestra cultura.
En nuestra comunidad, la muerte solía llegar de manera natural con una vejez digna y acompañada. Era frecuente encontrar personas con más de cien años, caminando y hasta trabajando la tierra y pastoreando los animales.

Hoy, afectan a las mujeres nuevas enfermedades ligadas al estrés, a la contaminación, a la pobreza y a la violencia empresarial y estatal. A muchas mujeres que conocemos se les detectó cáncer de mama, de cuello uterino y de estómago, así como otros males que incapacitan para el trabajo. La muerte temprana sucede a estos padecimientos, así como a infartos y afectaciones respiratorias y pulmonares.
En los hombres se han incrementado los problemas del corazón y el cáncer de próstata.

La pérdida de nuestros territorios y la destrucción de las comunidades, ha llevado a la dependencia económica de trabajos y empleos muy precarios dependientes de la minería del carbón. Esto implica para las mujeres la imposibilidad de realizar laborales acordes con su condición de género y su situación familiar, económica y cultural.

La minería ha arrojado a las comunidades, y con ellas a las mujeres a escenarios de subsistencia que las excluyen y las someten a insoportables condiciones de pobreza, intranquilidad e incertidumbre sobre su futuro y el de sus familias.

Como consecuencia de esto, la prostitución se ha convertido en alternativa forzada, incluso desde las edades tempranas de 11 y 12 años. Han recurrido a ella, viéndose sin opciones ciertas de formación, trabajo y subsistencia.

A pesar de ser tan visibles estos daños, su gravedad y continuidad, hoy se pretende expandir la minería, con la destrucción de ríos, arroyos y manantiales. Más comunidades, y con ellas las mujeres, se verán obligadas a sufrir iguales o peores consecuencias de las que nosotras hemos tenido que padecer.

Por todo ello anhelamos la recuperación del territorio en donde es posible construir y mantener nuestra vida colectiva como comunidad, avanzando también hacia el fortalecimiento de la igualdad y la solidaridad entre hombres y mujeres.

¡¡LAS MUJERES RESISTEN Y SIGUEN SEMBRANDO LA ESPERANZA!!
¡¡TABACO VIVE!!

Por: Inés y Liliana Pérez de la comunidad de Tabaco.
Integrantes de Fe-MINAS NÓ-madas: Reflexión y acción colectiva de mujeres frente a la megaminería

El encuentro

El 8 de marzo del 2015 en Albania (Guajira) las mujeres de Fe-MINAS NÓ-Madas convocan a la comunidad de tabaco (7:00 pm) a un encuentro, con la finalidad de hacer un acto de resistencia y memoria por las mujeres que han fallecido a causa del desalojo de la comunidad de Tabaco.

El encuentro se inicia con una vela encendida como una luz de esperanza y un minuto de silencio por todas las mujeres que sufren a causa del la perdida del territorio por 13 años.

La conclusión es la misma: Los responsables de la situación que vive la comunidad de tabaco desde hace 13 años hasta el día de hoy y otras comunidades afro que viven las mismas problemáticas en la Guajira, son los dueños y promotores del proyecto Megaminero Cerrejón Zona Norte, la empresa mas grande del mundo de explotación a cielo abierto.

¡¡¡¡Tabaco resiste con dignidad!!!

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José Alvear Restrepo

Nace en Medellín el 1 de julio de 1913 en el seno de una familia de profundas convicciones religiosas y bajo los parámetros de la ideología del partido conservador. Realiza sus estudios en la Facultad de Derecho de la Universidad de Antioquia, donde se gradúa de Abogado con una brillante tesis titulada: "Conflictos del trabajo: la huelga"

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