“Participación de la mujer afianza el carácter democrático del sindicalismo”, dice Miriam Berlak

Viernes 1ro de agosto de 2014, por ENS

Miriam Berlak es una destacada consultora sindical de nacionalidad argentina, licenciada en ciencias políticas con posgrado en lingüística y planeación estratégica. Su experiencia en el sindicalismo le ha permitido conocer las barreras que impiden la participación de la mujer en los espacios de decisión. Fue invitada al Primer Encuentro de Género y Negociación Colectiva, evento realizado en Medellín el 17 y 18 de julio de 2014 como impulso a la Línea Estratégica de Mujer y Género impulsada por el Programa País de la FNV, que actúa en coordinación con las centrales sindicales colombianas y federaciones internacionales.

Sindicalistas | Derechos Laborales |

—Entrevista—

Miriam Berlak es una destacada consultora sindical de nacionalidad argentina, licenciada en ciencias políticas con posgrado en lingüística y planeación estratégica. Su experiencia en el sindicalismo le ha permitido conocer las barreras que impiden la participación de la mujer en los espacios de decisión. Fue invitada al Primer Encuentro de Género y Negociación Colectiva, evento realizado en Medellín el 17 y 18 de julio de 2014 como impulso a la Línea Estratégica de Mujer y Género impulsada por el Programa País de la FNV, que actúa en coordinación con las centrales sindicales colombianas y federaciones internacionales.

El propósito del Encuentro es visibilizar la mujer como actor activo en la trasformación social y sindical, así como resaltar experiencias particulares de mujeres en procesos de negociación colectiva.

La Agencia de Información habló con la señora Berlak sobre el papel de la mujer en el sindicalismo, y otros temas de interés.

¿Cómo inició su vinculación al movimiento sindical?

Por ser militante de izquierda durante la dictadura argentina tuve que ir al exilio en 1976. Tengo muchos compañeros y compañeras muertos y desaparecidos. Viví mi exilio en México, que es mi segunda patria porque gracias a ese país pude salvar mi vida y la de mi familia. Fue allí donde conocí el feminismo. Mis compañeras me enseñaron los derechos de la mujer, porque hasta ese momento no había pensado en el tema de género. En las organizaciones donde militábamos los jefes siempre eran hombres, las mujeres no cobrábamos conciencia por el fervor militante. Cuando volví del exilio en 1982 comencé a trabajar en el sindicato gráfico argentino. Luego fui coordinadora de género en la internacional de la construcción y la madera, trabajamos en toda América Latina, y poco a poco me transformé en lo que ahora me defino: una técnica al servicio del sindicalismo.

¿Qué pasa con las mujeres que trabajan en sectores económicos mayoritariamente masculinos, por ejemplo en la construcción? ¿Qué posibilidades tienen de incidir en esos espacios sindicales?

Es muy difícil porque si hay una mujer en espacios de hombres te consideran una especie de mascota, dicen “aquí llegó una flor entre tantas espinas”. Pero eso no es un respeto por lo que eres, por lo que sabes y quieres aportar. A la mujer le cuesta más, tiene que hacer que la vean como a un igual, es duro pero se puede. A lo mejor hay que aprovechar el espacio como mascota para aportar cosas relevantes.

Algunas mujeres sindicalistas tienen miedo de exigir garantías especiales porque creen que las pueden despedir o por temor a que el empresario no las vuelva a contratar. ¿Qué dice al respecto?

Ese es el caballito de batalla de los empresarios para poner en riesgo el bienestar de la mujer, pero en ninguna parte he visto que eso se convierta realmente en una barrera, porque las mujeres tienen mayores habilidades para unos oficios y porque somos más del 50% de la población total. No pueden dejar de contratarnos.

Usted ha dicho que es necesario repensar el rol social de la mujer, ¿cómo puede lograrse esto?

Es necesaria una mayor base legal en favor de la mujer. Por ejemplo, deberían implementarse guarderías públicas para todas las mujeres y hombres que tengan hijos menores de 5 años, que los hombres también tengan licencias especiales para atender los asuntos domésticos. El Estado no hace demasiado en el tema del cuidado de los menores y de los adultos mayores. Con lo de la crisis mundial se cierran los espacios para el cuidado y esta obligación recae en la mujer, como si los hijos no fueran también de los hombres. Los otros son cambios más lentos porque son culturales. En Chile, por ejemplo, se estableció la licencia por maternidad y paternidad, pero hasta ahora ningún hombre la ha tomado. También hay asuntos como el uso del lenguaje neutro, no considerar que una palabra como trabajadores es referente de universalidad, hay que hablar de trabajadores y trabajadoras, de hombres y mujeres.

¿Cómo pueden participar los sindicatos en este cambio?

Ahora hay una compañera que se quiere postular al cargo de secretaria general de la CUT. Es algo que no se ha visto, ella quiere romper barreras, que las mujeres se animen a postularse, que haya campañas de afiliación especialmente dirigidas a mujeres, pero no solo con carteleras en las instalaciones del trabajo, se trata de ir hasta sus casas, hablar con ellas. Todas estas cosas pueden ayudar a generar cambios, pero no se dan de un día para otro, son procesos lentos.

El movimiento sindical colombiano es consciente de que falta mayor formación y capacitación para las mujeres. ¿Qué aspectos deben estar presentes en esos procesos de capacitación de género?

No se puede hablar de formación política para todos por igual, depende de cuál es tu ideología. Yo soy una persona de izquierda, para mí formación es que las mujeres puedan entender el imperialismo, el capitalismo, el machismo, la concentración de la riqueza y la distribución de los ingresos. Hay otros aspectos más generales e instrumentales como la oratoria, el liderazgo, las habilidades para recabar información; pero las cosas de fondo son más ideológicas. Es importante la presencia de los hombres en las capacitaciones de género. Lo que pasa es que al principio es bueno que estén las mujeres solas para que se empoderen y se animen a hablar, porque si hay muchos hombres les va dar miedo hacerlo. Pero este espacio tiene que ser compartido por ambos. Los hombres tienen que conocer los temas de género porque de lo contrario no los van a entender nunca.

Algunos hombres sindicalistas temen el avance de las mujeres porque sienten que puede surgir cierta tiranía de género, es decir, que se cambien los papeles. ¿Cree justificado ese temor?

No lo creo. El tema de que pasemos a una mayor democracia implica compartir los espacios de poder, si hay una mayor democracia las mujeres van a compartir roles y posiciones jerárquicas, pero yo no creo que eso se preste para una tiranía de las mujeres. Es un error garrafal creer que el feminismo es el machismo al revés. El feminismo es la lucha por los derechos y por una mayor equidad; el machismo, en cambio, es el dominio del hombre sobre la mujer. Sí creo que los hombres tienen el temor porque no quieren compartir los espacios de poder, no es que crean que les va pasar lo mismo que a la mujer, es solo que los espacios de poder son limitados y si asciende una mujer tiene que bajar un hombre. Cuando empezó la ley de cupos sindical en Argentina, en la CGT ningún caballero quería bajar, entonces simplemente crearon nuevas secretarías para poner a las mujeres, se cumplía el cupo de esa manera.

¿Existe machismo al interior del movimiento sindical en contextos diferentes al latinoamericano?

También existe el machismo en Europa, solo que de una manera más sutil y en todo caso menor que en Latinoamérica. Desde los años setenta se empezó a hablar del tema de género al interior del movimiento sindical en Estados Unidos y en Europa, ya tienen un camino recorrido aunque les faltan asuntos por solucionar, en Latinoamérica apenas estamos empezando. En Europa, más problemático que el tema de género, es la participación de los jóvenes. Un sindicalista danés me contó que los jóvenes decían que el sindicato era un lugar con señores blancos y gordos que querían decidir por ellos. Allá hay una participación más grande de las mujeres, pero en general el sindicalismo sigue resultando poco atractivo para los jóvenes y las mujeres.

En el sindicalismo colombiano hay una tendencia creciente a buscar garantías para las mujeres en las convenciones colectivas. ¿Esta situación puede generar cierto conformismo que impida cambios más profundos?

Las convenciones colectivas son instrumentos que no tienen este valor tan genérico, pero por ser pactados entre trabajadores y empresa son mucho más flexibles e inciden realmente en la vida de los trabajadores y trabajadoras. Sería más el rol de las centrales sindicales el tratar de mirar desde una perspectiva más general. En Argentina la negociación es por sectores, pero en Colombia depende más del sindicato de cada empresa y eso dificulta cambios a nivel nacional. No podemos olvidar el problema aún más crítico del trabajo informal, esas personas no gozan de ninguna prorrogativa y el movimiento sindical debe preocuparse mucho más por ellas.

Publicado 29 de julio de 2014

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José Alvear Restrepo

Nace en Medellín el 1 de julio de 1913 en el seno de una familia de profundas convicciones religiosas y bajo los parámetros de la ideología del partido conservador. Realiza sus estudios en la Facultad de Derecho de la Universidad de Antioquia, donde se gradúa de Abogado con una brillante tesis titulada: "Conflictos del trabajo: la huelga"

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