RESPONSABILIDADES HISTÓRICAS
(Colombia) (Autor:Fundación Cese el Fuego)

Viernes 16 de febrero de 2007, por Prensa - Colectivo

Si a un tal Rodrigo Tovar Pupo, alías Jorge 40, ejecutor directo de masacres, homicidios escabrosos y trafico de narcóticos, se le asigna una Toyota Prado (placas QGC851) con un blindaje categoría cinco y de uso exclusivo del Presidente de la República, dizque para su protección; cómo es posible que la señora Yolanda Izquierdo, campesina, líder comunitaria, defensora de los derechos de las victimas, quien pedía le devolvieran su tierra, termine siendo brutalmente asesinada después de clamar una y otra vez por protección, y como si fuera poco, con que cara, aparece al día siguiente el Fiscal General de la Nación en televisión diciendo que no hay recursos ni forma alguna de brindar protección a las victimas, que por victimas y por no rendirse a su infame condición, son condenadas al crimen, el desprecio y el destierro.

A diario, desde las distintas orillas ideológicas o desde la misma playa gris de la soberbia, la amnesia, el cinismo y el desdén, se escucha a varios ex presidentes, ex ministros, ex funcionarios de Estado, ex candidatos presidenciales y demás, renegar del gobierno actual. Cuestionar con severidad las políticas del presidente Uribe, insinuar con vulgar lenguaje gansteriano que conocen su pasado delictivo, justificar sus fraudes y corruptelas bajo el argumento de que lo que se vive hoy es peor, ayer el tema era sólo filtración de dinero mafioso y corrupción, lo de hoy, son crímenes de lesa humanidad y contubernio con las oscuras fuerzas del mal.

Olvidan o pretenden que olvidemos como uno a uno, la gran mayoría se han sabido vender. Ayer era Noemí Sanín, la cuestionada ministra de comunicaciones, vinculada al cártel de Cali en la década de los ochentas, quien dijera que de llegar Uribe a la presidencia sería como si lo hiciera el mismo Carlos Castaño. Luego fue nombrada embajadora de Colombia en España, su hermano viceministro de Defensa y terminó por avalar la reelección y promoverla fuera del país. Horacio Serpa, de ser cofundador con Ernesto Samper y el mismo Álvaro Uribe de Poder Popular, de absolverlo cuando en su calidad de procurador debía investigarlo a fondo por sus dudosas actuaciones al frente de Aeronáutica Civil, y de lograr que el actual presidente viajara desde Londres para apoyar su campaña presidencial en 1998, resultó ser un radical opositor, aunque toda oposición se le olvido cuando lo nombraron embajador de Colombia ante la OEA, y ahora vuelve y juega como adalid de la moral. Ya Napoleón Bonaparte lo advertía en el clímax de su imperio: basta con pagarle a alguien su precio y automáticamente estará del lado que debe estar. Y Uribe, no hay duda, lo ejecuta muy bien. Los grandes logros del gobierno Gaviria para beneficio de las minorías empresariales y en perjuicio de las grandes mayorías trabajadoras, a través de la ley 50 de reforma laboral y la ley 100 sobre seguridad social, fueron generosamente impulsados por el mismo Uribe, quien además se había convertido para 1994 en asesor permanente de sus ministros de Trabajo y Salud. Ernesto Samper intentó ofrecerle su compañía, su asesoría, su dudosa fidelidad y a cambio fue nombrado embajador en Francia, al igual que Andrés Pastrana ante el gobierno de Estados Unidos, pero el sueño burocrático poco les duró.

Con casi toda la clase política de este país, Uribe ha estado ligado, basta con ver un estudio genealógico que publicara la revista La otra verdad, -del fallecido Pedro Juan Moreno, quien de ser socio de Uribe y principal importador del permanganato de sodio para la elaboración del alcaloide, terminó muerto en un misterioso accidente aéreo-, donde se puede apreciar como se van mezclando nombres como Pablo Escobar Gaviria, Álvaro Uribe Vélez, Fabio Ochoa, Lina Moreno, Jorge Luis Ochoa Vásquez, Noemí Sanín Posada o Fabio Echeverri Correa para entender el modo y los compromisos con los cuales, desde siempre, se ha conducido la política rural con notable influencia nacional. Basta con repasar cualquier archivo fotográfico de prensa, para ver al Presidente Uribe, desde antes de ser Presidente o siéndolo, departiendo alegremente con Alfonso López Michelsen, con César Gaviria, quien también aparece por ahí junto a un narcotraficante de apellido Perafán, con Álvaro Villegas, Belisario Betancur, con Julio Cesar Turbay Ayala y otros tantos exponentes de esta fauna en la que siempre terminan fundidos unos con otros, produciendo las peores engendros posibles.

Sin duda alguna, toda esta despreciable casta política, le haría un enorme favor a la oposición guardando sepulcral silencio, no sólo porque todos tienen su buen rabo de paja, sino porque con sus palabras sin contenido y desprovistas de toda credibilidad, contribuyen a legitimar aún más la corrupción de este país, disminuyen la confianza que pueda existir en los valientes esfuerzos que círculos más sanos de la oposición vienen haciendo con toda seriedad y responsabilidad, y se termina por enviar un mensaje errado a la sociedad, el nefasto vicio de generalizar que lleva a pensar que todos, por estar inmersos en el acontecer político, proceden del mismo lodazal, y eso no es verdad. Hoy en día existen nuevos representantes, que desprovistos de apellidos, sin un padre que les herede fortuna o cargos en el poder, sin llevar a cuestas el derecho a dirigir el Estado como papi les enseñó, se la están jugando valientemente por la soberanía y la dignidad nacional, por un país con justicia social y equidad, porque al fin Colombia conozca la verdad sobre las causas que precipitaron este tremendo desequilibrio institucional y para que entre todos podamos empezar, con información y criterio, a proponer la construcción de una nueva nación.

Por eso produce risa, o ganas de llorar, o las dos, ver a toda esta dirigencia política, con pasados igual de oscuros al del mandatario, levantarse y erigirse como seudo lideres de oposición. Produce risa y ganas de llorar porque ha sido gracias a un Samper, a un Pastrana, a un Gaviria (Cesar, vale aclarar) a un Gómez Hurtado, a un López Michelsen, a unos descendientes de apellido Barco, Ospina, Sanín, Turbay, Caballero, Santos, Araujo, Gerlein, Echavarría, Name, y muchos otros más, que tenemos a un Álvaro Uribe Vélez en el poder.

Si los anteriores gobiernos no se hubieran financiado con la mafia, la hubieran podido derrotar y no se habría tomado todo el país. Si no hubieran sido complacientes con el accionar de los armados y no se hubieran hecho los de la vista gorda ante millares de casos de desaparecidos, torturados, asesinados y desplazados, Colombia no afrontaría hoy el tamaño de nuestra tragedia humanitaria y no seguiríamos siendo el país paria del mundo. Si durante sus gobiernos o su ejercicio en el poder, no hubieran pactado a oscuras con los gremios económicos, no hubieran traicionado la dignidad nacional colocándose de rodillas ante el imperio, si hubieran frenado la intromisión clerical, si hubieran realizado verdaderos ajustes y desarrollado transparentes procesos de pacificación con el compromiso de atender las demandas populares, y hubieran estado dispuestos a mejorar el reparto de la tierra, a controlar con medidas eficaces y saludables la proliferación de los cultivos de uso ilícito, a ampliar las garantías sociales de las mayorías aminorando la brecha social, si se la hubieran jugado por proteger a los débiles y no por procurar el robustecimiento de los fuertes, si no se hubiera despreciado y calumniado desde siempre las voces disidentes, Colombia no sería hoy el estado narcoparamilitar y criminal que es.

Uribe no es una anacronía histórica, es el claro resultado de un proceso que se ha forjado con la participación, el silencio o la complicidad criminal de muchos hombres y mujeres destacados de la política nacional y el mundo empresarial. Uribe no nos saltó al cuello como una maldición venida de la nada o de un viejo conjuro, no. Uribe llegó al poder porque una clase política corrupta y mezquina que desde siempre ha desangrado al país lo permitió; porque el bipartidismo nos asfixió, porque la clase dirigente se vendió, porque una oligarquía indolente y enturbiada se doblegó, porque se permitió la filtración silenciosa y encubierta de los dineros de la mafia en la política nacional, porque no se revelaron las grandes verdades que el país debía conocer y que aún está en mora de conocer, porque la justicia se paralizó, porque los delincuentes se hicieron más ricos que el mismo Estado, porque no se expusieron los nombres y los rostros de los asesinos intelectuales ocultos tras los grandes magnicidios, porque la izquierda fue asesinada en total complicidad e impunidad, porque la connivencia homicida entre Fuerzas Armadas y grupos irregulares fue encubierta y desde las altas esferas, impulsada y permitida. Porque Colombia nunca asumió el reto de confrontarse con su propia historia para impulsar las transformaciones que la sociedad desde siempre ha reclamado.

Culpable de esta debacle, es entonces aquel Procurador General que no denunció lo que sabía porque los militares lo amenazaron de muerte, o aquel Fiscal General de la Nación que no dio a conocer las pruebas, con cheques en mano, que comprometían a la clase política con el narcotráfico porque el país no lo resistiría, o aquel otro que hizo pactos con los paramilitares para permitir su filtración en la institución, culpables aquellos que argumentando miedo se dejaron imponer la voluntad paramilitar, hicieron nombramientos oscuros y se enriquecieron a la fuerza: ¡pobres funcionarios, obligados a enriquecerse!, obligados a enterrar procesos, a hacerse los locos ante las masacres, los desplazamientos y los operativos encubiertos y orquestados por el mismo ejército. Culpables también los ministros que se doblegaron al Ejecutivo, el Ejecutivo que se doblegó a las Fuerzas Armadas, los virginias vallejos que escondieron tenebrosos secretos y pudiendo evitar magnicidios no lo hicieron mientras se lucraban y luego se disculpaban con la baladí afirmación del miedo. Culpable una nación en desesperante hibernación que no se sacude, que no se toma las calles, que no se hace respetar ni hace valer sus derechos, que se margina a su triste historia y se niega a entender que el país, es una tarea en construcción que nos compete y nos invita a todos.

Si en Colombia las victimas de la violencia, el asesinato y el desplazamiento no son atendidas por el Estado y más bien se destinan recursos para la manutención de los asesinos, si los cabecillas de la peores bandas criminales son escuchados y aplaudidos en el senado mientras a las victimas se les niega la entrada, si permitimos que los peores delincuentes hagan despliegue de su poderío económico, mientras las victimas padecen hambre y necesidades, y no pasa nada, y no nos duele la infamia, que carajo podemos esperar de un país así!.

Ejemplo claro:

Si a un tal Rodrigo Tovar Pupo, alías Jorge 40, ejecutor directo de masacres, homicidios escabrosos y trafico de narcóticos, se le asigna una Toyota Prado (placas QGC851) con un blindaje categoría cinco y de uso exclusivo del Presidente de la República, dizque para su protección; cómo es posible que la señora Yolanda Izquierdo, campesina, líder comunitaria, defensora de los derechos de las victimas, quien pedía le devolvieran su tierra, termine siendo brutalmente asesinada después de clamar una y otra vez por protección, y como si fuera poco, con que cara, aparece al día siguiente el Fiscal General de la Nación en televisión diciendo que no hay recursos ni forma alguna de brindar protección a las victimas, que por victimas y por no rendirse a su infame condición, son condenadas al crimen, el desprecio y el destierro.

Afiliaciones

Afiliado a la Federación Internacional de Derechos Humanos
y la Organización Mundial contra la Tortura
Estatus Consultivo en la OEA

José Alvear Restrepo

Nace en Medellín el 1 de julio de 1913 en el seno de una familia de profundas convicciones religiosas y bajo los parámetros de la ideología del partido conservador. Realiza sus estudios en la Facultad de Derecho de la Universidad de Antioquia, donde se gradúa de Abogado con una brillante tesis titulada: "Conflictos del trabajo: la huelga"

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